Sobre Mi
Hola,
Has llegado a una cosmética particular.
No es para coleccionistas de envases bonitos, amantes de las rutinas de mil pasos ni de productos llenos de ingredientes sintéticos.
Es PARA MUJERES que no se conforman con hidratar su piel.
Para las que además de una piel joven y bonita…
Quieren sentirse seguras en su piel.
¿Te has planteado cuantas veces la confianza que necesitas empieza frente al espejo?
Todo lo que logres en la vida: tu mejora profesional, tu nueva casa, tus relaciones, un evento social importante, un fin de semana de escapada, tus momentos de intimidad con esa persona, una charla en público… todo lo que imagines.
Todo lo vas a disfrutar más.
Sentirte segura en tu piel es importante.
Ese es mi trabajo.
Empecé con 25 años abriendo mi centro de estética.
Siempre me había fascinado la belleza de las mujeres.
No de las más guapas o jóvenes.
Era más una cuestión de seguridad.
Esas mujeres que entran en una habitación y lo llenan todo con su luz, su energía, la manera en que sonríen.
Tiene que ver con cómo se sienten por dentro.
Con esa forma de estar en el mundo cuando una mujer está conectada con ella misma.
Siempre había escuchado que eso se perdía con la edad.
Que la belleza desaparecía.
Como si fuera inevitable perderte a ti misma con los años.
Como si un día, casi sin darte cuenta, fueras a mirarte al espejo y ya no te reconocieras.
Desconectada de ti.
Con la piel apagada.
Sin tiempo.
Sin energía.
Lo que yo quería ofrecer a mis clientas no era solo una piel hidratada y sin arrugas.
No solo que se vieran más jóvenes.
Quería que volvieran a sentirse ellas.
Volver a mirarse en el espejo y pensar: “aquí estoy”.
Entendí que la cosmética no va sobre belleza.
Va de cómo te cuidas.
De cuánto te priorizas.
De cuánto espacio ocupas dentro de tu propia vida.
De cómo te hablas cuando nadie te escucha.
Porque la piel responde a eso, siempre.
Porque la piel nunca ha sido solo piel.
Y observando a mis clientas vi a mujeres que llegaban cansadas.
No cansadas de un día largo.
Cansadas de meses.
De años.
De vivir siempre para todo el mundo.
Tener tiempo para todo, menos para ellas.
Levantarse pensando en los niños.
Contestar mensajes de trabajo mientras se hacían el café.
Llegar por la noche y entrar al baño arrastrando el cansancio.
Mirarse al espejo treinta segundos, recogerse el pelo, lavarse la cara deprisa,
y pensar «mañana me dedico un ratito, hoy no puedo más».
Y volver a repetirlo al día siguiente.
Y al otro.
Y al otro.
Hasta dejarse para después tantas veces… que un día dejaron de encontrarse.
Tenían el baño lleno de cosméticos.
Ese sérum comprado con ilusión hacía meses.
La crema empezada y nunca terminada.
La mascarilla que juraron usar cada domingo.
El contorno aún dentro de la caja.
No porque no les importara su piel.
Sino porque el cuidado personal había dejado de sentirse como un momento para ellas y se había convertido en otra obligación más.
Otra cosa pendiente.
Porque todo el mundo habla de lo importante que es usar retinol, vitamina C, péptidos, glicólico…
Pero nadie habla de lo difícil que es mantener una rutina de diez pasos.
Al principio la haces,
luego se te olvida cómo era: “¿qué había que poner antes el retinal o la hidratante?”,
“¿la vitamina C se aplicaba por la mañana o por la noche?”, “¿antes o después del ácido hialurónico?”
Y los botes acaban olvidados en cualquier cajón del baño.
Porque no te apetece complicarte más la vida.
Y mientras tanto, el cuidado de la piel se convierte en otra cosa más que “no llegas a hacer”.
Por eso decidí crear una línea de cosméticos donde menos fuera más:
Más eficacia con menos pasos.
Para que por muy cansada que estés y poco tiempo que tengas, puedas hacer una rutina que contenga todos los activos que debes utilizar para mantener la piel joven, luminosa y firme con pocos pasos que puedes hacer sin sentir que estás haciendo “otro esfuerzo más” durante el día.
Y lo más importante:
Una cosmética que te ayude a reconectar con tu esencia no puede ser cosmética sintética.
Porque la cosmética sintética no tiene vida.
No tiene energía viva que transmitir a tus células.
Es una cosmética “muerta”.
Una cosmética de fórmulas llenas de derivados del petróleo, siliconas y componentes sintéticos… La cosmética no puede estar desconectada de la vida.
La piel reconoce lo vivo. Entiende lo vivo.
Por eso tenía claro que mi línea de cosmética tenía que ser cosmética con ingredientes naturales, vivos, llenos de la energía de las plantas.
Que transmitiera esa energía y belleza a las células de la piel.
Con activos que tu piel reconoce.
Que tu piel entiende.
Que tu piel sabe utilizar.
Y para conseguirlo tomé una decisión importante: cerré mi centro de estética para dedicarme por completo a estudiar formulación y química cosmética, y crear mi propia marca.
Una locura para casi todo el mundo,
“¿Quién te va a comprar existiendo las multinacionales que se anuncian continuamente en televisión?”
“Te vas a arruinar”
“Quédate con lo que tienes, ya te va bien, vas a perderlo todo”
Nadie creyó en mi, nadie excepto mi madre.
Yo también creí en mi.
Pero cuando empiezas a creer en ti y vas a por lo que quieres, dejando de cumplir las expectativas de los demás, te llaman egoísta, de carácter difícil, dicen que has cambiado.
Y quizá sí.
Quizás has cambiado para dejar de abandonarte para que otros estén cómodos.
Y muchas veces, cuando alguien se molesta contigo, no es porque estés haciendo algo mal, sino porque ya no obtiene de ti lo que antes le convenía: tu tiempo, tu atención, tu dedicación a sus necesidades…
Dejé a mi pareja,
dejé de escuchar las opiniones de quienes nunca habían construido nada propio,
Y me puse a trabajar en cumplir mis propias expectativas, no en lo que los demás esperaban de mi.
Porque no hemos venido a esta vida a cumplir lo que otros esperan de nosotras, sino a sernos fieles.
Y para serte fiel a ti misma a veces hay que dejar de cargar con personas que no contribuyen a tu propio camino.
Hay que soltar y abrir espacio para que algo mejor llegue.
Y llegó…
Así nació Biella Carell.
Un nombre que une a las dos mujeres que sostuvieron este proyecto desde el principio: mi madre y yo.
No quería que Biella Carell fuera una marca más de cosmética natural, quería una cosmética natural que fuera tan potente o más que la cosmética sintética, para tener una piel más joven y más bonita durante más tiempo sin usar productos “tóxicos” o sintéticos.
Así que durante años trabajé junto a laboratorios españoles especializados en biotecnología avanzada, la forma de regenerar la piel desde las capas profundas, donde se produce el envejecimiento. Con activos naturales vivos, con sistemas capaces de penetrar mucho más profundamente que la cosmética convencional.
Y un día, miré a mi alrededor y me di cuenta de que lo había conseguido: mi marca, mis productos tal y como los había soñado, sin “tóxicos”, sin ingredientes sintéticos, y con un sistema avanzado muy difícil de imitar, que actúa en capas profundas y activa los Factores de Crecimiento Epidérmico, creando nueva piel más joven.
No sabía si celebrar o pellizcarme. No me malinterpretes, nunca dudé de que lo lograría, lo que me costó creer es que tras años había llegado el momento.
Durante el camino hubo tropezones, pasos para atrás y vueltas a la casilla de salida, pero nunca dudé. Y eso fue así porque sabía algo que dependía únicamente de mí. Una razón por la que el éxito era inevitable.
Y la inspiración me la dió una frase de Stephen King que se me quedó grabada a fuego.
Cuando lo conseguí, releí esa frase para acabar de creérmelo. Estaba en lo correcto, lo había conseguido.
(La frase te la comparto después para que pueda inspirarte también a ti a conseguir el éxito con cualquier proyecto en el que estés trabajando).
Han pasado 18 años
Desde que fundé Biella Catrell, y seguimos mejorando nuestras fórmulas año tras año para incluir siempre los últimos avances en ingredientes que transforman la piel sin agredirla.
Fórmulas llenas de activos botánicos, extractos vegetales y moléculas biotecnológicas naturales capaces de trabajar con la piel, no solo sobre ella.
Cosméticos diseñados para ayudar a mantener la piel más firme, más luminosa y más bonita durante más tiempo.
No para perseguir una perfección imposible.
Sino para ayudarte a sentirte bien cuando te miras al espejo.
Porque cuando eso pasa, no cambia solo tu piel.
Cambias tú.
Tu energía. Tu seguridad. Tu forma de estar en el mundo.
Porque envejecer es algo natural, pero dejar de ser tú no lo es.
Si tú también crees que tu piel y tu merecéis algo mejor que fórmulas vacías y cosméticos que agreden tu piel o que solo maquillan el problema, puedes dejar tu correo aquí debajo.
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Por cierto, en el primer email te comparto la frase que lo cambió todo: Compartiré contigo la frase de Stephen King que a mí me dio el impulso para dejarlo todo atrás (un negocio, una pareja y amistades «tóxicas») para crear mi propia marca. Espero que te inspire tanto como a mí y te dé el empujón que necesitas para hacer eso que deseas y aún no te has atrevido.
También te desvelo El fallo crítico que comete el 99% de las mujeres y que es el verdadero secreto de por qué algunas mujeres tienen una piel espectacular incluso sin haberse puesto bótox ni otros rellenos.
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Nos vemos dentro,
Carolina.







